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Correr en la lluvia. Un tónico para el alma.

Harta de que ya pasaron más de nueve meses desde que HH nació y no haber perdido ni 500 gr. a pesar de seguir amamantando a libre demanda, empecé un plan hace dos semanas para volver a ejercitarme (sí, me tardé – ya no tengo esa excusa de “lo que una sube en 9 meses de embarazo se tarda también 9 meses en bajar”). Nunca llevo a cabo estos planes al pie de la letra hasta el final, pero siempre necesito un plan para darme un empujón a iniciar algo que implica salir de mi hueva diaria. Me decidí por un plan de sólo ejercicio porque mientras amamante no quiero contar calorías haciendo una dieta, sino simplemente cuidar alimentarme de manera sana la mayoría de los días. Normalmente eso es todo lo que necesito para bajar peso progresivamente queriendo seguir las recomendaciones de la liga de la leche de no bajar más de 2 kg. por mes mientras se amamanta.
El plan consta de 6 semanas. Cada semana con tres días de ejercicio cardiovascular (yo uso esta app de entrenamiento para correr 5 Km. para el cardio), alternado con tres días de hacer un video de ejercicios para todo el cuerpo estilo bootcamp (puedes ver aquí algunos ejemplos), un día de yoga o pilates, y un día de descanso.
El clima había estado perfecto para salir a correr hasta ayer que llovía y llovía. Pensar en salir a correr en la lluvia no hacía más que aumentar el poder de convicción de mi hueva. Me quedé viendo las gotitas que escurrían por la ventana mientras HH practicaba gatear delante de mí. Y entonces recordé que hacia años, si no es que décadas, desde la última vez que me había mojado a propósito en la lluvia. Recordé los días de jugar basketball durante la secundaria, de subir los cerros de Tepoztlán con el propósito de llegar a las cascadas, hacer coreografías inventadas con mis hermanas en el jardín trasero de la casa, pasear en familia a la perra hermosa de la niñez, momentos que llevo especialmente en el corazón y que estuvieron acompañados de lluvia, de pies nadando en zapatos con calcetines que pesaban, de piel mojada por sudor y agua, y de una vibración en todo el cuerpo que me hacía sentir totalmente viva. En ese momento hasta la hueva se unió a mí y salimos HH y yo bajo la cortina de agua ante la mirada atónita de una vecina que iba llegando.
HH durmió plácidamente en su carreola. Yo completé mi sesión de cardio para ese día. Mi alma se llevó la mejor parte. Quedar empapado tiene un efecto de limpieza. Limpia pensamientos inútiles o repetitivos. Correr al mismo tiempo hace que solamente me pueda concentrar en eso: correr, seguir, evitar charcos, cuidar el movimiento de la carreola, respirar, el movimiento de mis pies, el sonido de mis pisadas.
Correr en la lluvia, con o sin hueva, con o sin hijos, si empieza por obligación lo más probable es que acabe siendo por placer.
Altamente recomendable.

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