Archivo de la categoría: Uncategorized

Nota para mí en 10 años

En este día soleado de primavera estoy en el parque junto al lago al que siempre hemos venido desde que HH tenía 2 años. En aquel entonces el único juego “seguro” a mi parecer era el arenero. En el columpio yo aún me quedaba a su lado porque de los distraída que era se soltaba al querer señalar mariposa o niña que pasara. En la resbaladilla me paraba junto a las escaleras cuando ella subía e incluso eso no evitó que cayera en dos ocasiones.

Hoy tiene 4,5 años y de repente me doy cuenta de que estoy leyendo un libro en la sombra mientras ella juega en todos los juegos. Se columpia parada, se echa de cabeza para adelante en la resbaladilla, hace fila y espera pacientemente a que los otros niños acaben, se sube de un brinco a la tirolesa y hoy descubrí que ya puede escalar sin mi apoyo el muro de escalada. Hace dos semanas todavía me pedí ayuda.

Hace dos semanas los árboles aún se veían invernalmente secos. En el transcurso de dos semanas han explotado de colores y de vida, han sacado todo el potencial que estaba creciendo, madurando y concentrándose durante el invierno. Imagino que lo mismo ha pasado con las capacidades de HH. Explotan en poco tiempo sorprendiendo por lo abrupto que parecen surgir de la nada, pero al igual que la primavera, tienen todo un tiempo de preparación detrás de sí.

Así que Ana, no desesperes. HH tendrá la necesidad súbita de ser independiente en áreas en las que apenas hace unas semanas la ayudabas. Sorpréndete y agradece sin insistir en que sigue necesitando ayuda. Habrá otras veces en las que parece que necesita tu apoyo eternamente, no desesperes (y no exageres), llegará el momento en que ya no lo necesitará más. Créeme. Respira y disfruta el presente.

Me voy para atrás: acabo de ver cómo ya tampoco necesita mi ayuda para empezar a andar en bicicleta, orgullosa de sí misma.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Regresar a trabajar después de tener una hija. 

Siempre me ha encantado trabajar. En la escuela disfrutaba estudiar, en mi tiempo libre aprender. Tengo una curiosidad innata y el tener una actividad como el trabajo que me permita desarrollar mis capacidades y me proponga retos que me hagan crecer, me llena enormemente. 

Los primeros meses después de convertirme en mamá, no extrañaba eso – mejor dicho: no tenía cabeza ni para extrañar eso. Después, poco a poco me di cuenta de que el ser mamá es una excelente manera de hacer crecer (lo quiera o no) mis capacidades organizativas, de tolerancia, de negociación, aprender a ser más tolerante pero también a hacer valer mi voz cuando así debe ser, me hizo entender que la diversión debe ser parte primordial de todo trabajo, a disfrutar los procesos y no sólo enfocarme en el resultado y muchas otras cosas. Ser mamá desde mi punto de vista es un trabajo completo, lleno de retos, en el que siempre quiero dar mi 100, me mantiene motivada, la recompensa emocional que obtengo es invaluable y ni siquiera se siente como un trabajo. 

Sin embargo, después de dos años, empecé a extrañar mi profesión. Ver pacientes y ayudarlos. Además un apoyo a la economía familiar estaba volviéndose necesario. Busqué trabajo, encontré trabajo. Y entonces empezó el remolino de emociones que intentaré desglosar a continuación:

Emoción. 

De empezar a trabajar, de buscar, de nuevos retos, de buscar la ropa adecuada y “tener” que arreglarme, del contacto con colegas y el mundo adulto. 

Miedo. 

De cómo va a reaccionar HH, si estará bien, si no será muy pronto, si se adaptará a quienes la cuidan, si estará bien cuidada. 

Culpa. 

De dejarla a veces cuando no se siente tan bien. De desear esa otra parte de mi vida en la que ella no está conmigo. 

Expectativa. 

De saber que con el ingreso que tenga le podré ofrecer mejores oportunidades y de tener ese extra de dinero para poder hacer otro rango de actividades. 

Enojo. 

De que el sistema y/o nuestra situación dentro de él no tenga opciones fácilmente alcanzables para no tener que estar en el dilema de volver a trabajar o quedarme en casa y enojo de que pocos trabajos convencionales ofrezcan un punto que permita flexibilidad para hacer posibles ambas cosas. 

Tristeza. 

Porque aunque añoraba más “tiempo personal”, la verdad es que a veces extraño profundamente a HH. Ella y todo su ser se hacen extrañar de lo disfrutable que es el estar a su lado (la mayor parte del tiempo, claro). Y no sólo es algo mental, mi cuerpo la extraña a veces también, por extraño que suene. El binomio madre-hija no se acaba con el parto. 

Duda de mis capacidades. 

Pensar el tener cabeza para ir a trabajar y hacer que el resto de las actividades como persona, como esposa y como mamá sigan adelante me parecía un esfuerzo enorme. Además me pegó muy fuerte el “mommy brain”, el volverme olvidadiza, tener en general menos concentración, no poder memorizar tantas cosas. Me sentía menos apta para el mismo nivel de eficiencia en mi trabajo que antes del embarazo. En realidad fue un alivio darme cuenta de que ese dudar salió sobrando. 

Indecision. 

Pasé unos buenos 6 meses deliberando si era buen tiempo o no. Mi mamá y mi hermana no volvieron o han vuelto a trabajar. Así que una parte de mí cree que eso es lo que una “buena mamá” hace: estar al 100 con sus hijos. 

Le veo valor a eso. Enorme. En cierta medida puedo decir que el trabajo se ha vuelto un “escape” de estar to-do-el-dí-a con HH. Y una mujer que lo logra merece toda mi admiración. 

Al final salí de mi sentir culpa por no hacerlo como lo hacen en mi familia al pensar: ¿qué ejemplo es el que le quiero dar a mi hija? Y la respuesta era simple. Buscar ser feliz y perseguir sus sueños. Así que seguí persiguiendo los míos y siendo feliz a su lado. 

Meses después todo va muy bien. Ha habido dificultades, como el organizar todo cuando HH estaba enferma, pero en general el cambio le ha dado una linda dinámica a nuestra vida familiar. 

Me encantaría armar una gráfica de emociones para compartir con mamás que estén pensando regresar a la vida laboral y si tienes tiempo y ganas, sería fabuloso escuchar por cuáles emociones pásate tú, cómo lidiaste con ellas, si pasaste por dificultades particulares y cómo resultó todo hasta ahora. 

2 comentarios

Archivado bajo Uncategorized

De mi mortalidad…

… nunca había estado tan consciente como ahora que soy mamá. 

Ahora que HH tiene 2 años y ya se ha adaptado a ir al Kindergarten, surgió la oportunidad de viajar a Lituana en el marco de seminarios en Endobiogenia (mi otra pasión, de la que tengo pendiente escribir una entrada en este blog). Tengo un esposo maravilloso, lo que quizá se explica en parte porque mi suegra también es un amor de persona que nos echa mucho la mano, y gracias a ellos dos puedo irme sabiendo que dejó a HH en excelentes manos. 

Aún sabiendo todo eso, me cuesta. En varios aspectos y en una revoltura de sentimientos de los implicados con volver a trabajar después de tener hija/os, pero punto y aparte de eso, el tener que tomar un avión cada vez que visito el seminario, me hace tener cada vez más presente mi propia mortalidad. 

Ya sé, ya sé, que las probabilidades de morir en un accidente aéreo no son tantas, y además he volado sola muchas veces antes de ser mamá y nunca he tenido miedo sino sólo un pequeño nerviosismo en la tripa al despegar o aterrizar. Y aunque ahora sigo sin miedo real a la muerte (uno aprende después de experiencias como la que cuento aquí), algo ha cambiado por completo: Ahora, antes de cada vuelo pongo todo mi ser a estar por completo presente en mi intención de cuidarme, de estar protegida y permanecer sana, para poder gozar el privilegio que es para mí ver como HH se desarrolla en la vida. 

De eso tengo miedo: de no poder ser testigo de su florecer. No de dejar de existir, o de quién cuidaría de ella, sino de no presenciar su capacidad de asombro, su aprendizaje, su creatividad y tenacidad para afrontar obstáculos, no poder verla dormir a sus anchas y con los brazos abiertos totalmente relajada, y no poder oír sus carcajadas que inevitablemente me contagian. 

Es la bendición de ser consciente de nuestra mortalidad: la intensidad con la que se disfruta la vida presente. La mía, la de ella, la de todos a lo que amo. 

1 comentario

Archivado bajo Uncategorized

Correr en la lluvia. Un tónico para el alma.

Harta de que ya pasaron más de nueve meses desde que HH nació y no haber perdido ni 500 gr. a pesar de seguir amamantando a libre demanda, empecé un plan hace dos semanas para volver a ejercitarme (sí, me tardé – ya no tengo esa excusa de “lo que una sube en 9 meses de embarazo se tarda también 9 meses en bajar”). Nunca llevo a cabo estos planes al pie de la letra hasta el final, pero siempre necesito un plan para darme un empujón a iniciar algo que implica salir de mi hueva diaria. Me decidí por un plan de sólo ejercicio porque mientras amamante no quiero contar calorías haciendo una dieta, sino simplemente cuidar alimentarme de manera sana la mayoría de los días. Normalmente eso es todo lo que necesito para bajar peso progresivamente queriendo seguir las recomendaciones de la liga de la leche de no bajar más de 2 kg. por mes mientras se amamanta.
El plan consta de 6 semanas. Cada semana con tres días de ejercicio cardiovascular (yo uso esta app de entrenamiento para correr 5 Km. para el cardio), alternado con tres días de hacer un video de ejercicios para todo el cuerpo estilo bootcamp (puedes ver aquí algunos ejemplos), un día de yoga o pilates, y un día de descanso.
El clima había estado perfecto para salir a correr hasta ayer que llovía y llovía. Pensar en salir a correr en la lluvia no hacía más que aumentar el poder de convicción de mi hueva. Me quedé viendo las gotitas que escurrían por la ventana mientras HH practicaba gatear delante de mí. Y entonces recordé que hacia años, si no es que décadas, desde la última vez que me había mojado a propósito en la lluvia. Recordé los días de jugar basketball durante la secundaria, de subir los cerros de Tepoztlán con el propósito de llegar a las cascadas, hacer coreografías inventadas con mis hermanas en el jardín trasero de la casa, pasear en familia a la perra hermosa de la niñez, momentos que llevo especialmente en el corazón y que estuvieron acompañados de lluvia, de pies nadando en zapatos con calcetines que pesaban, de piel mojada por sudor y agua, y de una vibración en todo el cuerpo que me hacía sentir totalmente viva. En ese momento hasta la hueva se unió a mí y salimos HH y yo bajo la cortina de agua ante la mirada atónita de una vecina que iba llegando.
HH durmió plácidamente en su carreola. Yo completé mi sesión de cardio para ese día. Mi alma se llevó la mejor parte. Quedar empapado tiene un efecto de limpieza. Limpia pensamientos inútiles o repetitivos. Correr al mismo tiempo hace que solamente me pueda concentrar en eso: correr, seguir, evitar charcos, cuidar el movimiento de la carreola, respirar, el movimiento de mis pies, el sonido de mis pisadas.
Correr en la lluvia, con o sin hueva, con o sin hijos, si empieza por obligación lo más probable es que acabe siendo por placer.
Altamente recomendable.

20140630-202553-73553100.jpg

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized