Archivo mensual: mayo 2016

Regresar a trabajar después de tener una hija. 

Siempre me ha encantado trabajar. En la escuela disfrutaba estudiar, en mi tiempo libre aprender. Tengo una curiosidad innata y el tener una actividad como el trabajo que me permita desarrollar mis capacidades y me proponga retos que me hagan crecer, me llena enormemente. 

Los primeros meses después de convertirme en mamá, no extrañaba eso – mejor dicho: no tenía cabeza ni para extrañar eso. Después, poco a poco me di cuenta de que el ser mamá es una excelente manera de hacer crecer (lo quiera o no) mis capacidades organizativas, de tolerancia, de negociación, aprender a ser más tolerante pero también a hacer valer mi voz cuando así debe ser, me hizo entender que la diversión debe ser parte primordial de todo trabajo, a disfrutar los procesos y no sólo enfocarme en el resultado y muchas otras cosas. Ser mamá desde mi punto de vista es un trabajo completo, lleno de retos, en el que siempre quiero dar mi 100, me mantiene motivada, la recompensa emocional que obtengo es invaluable y ni siquiera se siente como un trabajo. 

Sin embargo, después de dos años, empecé a extrañar mi profesión. Ver pacientes y ayudarlos. Además un apoyo a la economía familiar estaba volviéndose necesario. Busqué trabajo, encontré trabajo. Y entonces empezó el remolino de emociones que intentaré desglosar a continuación:

Emoción. 

De empezar a trabajar, de buscar, de nuevos retos, de buscar la ropa adecuada y “tener” que arreglarme, del contacto con colegas y el mundo adulto. 

Miedo. 

De cómo va a reaccionar HH, si estará bien, si no será muy pronto, si se adaptará a quienes la cuidan, si estará bien cuidada. 

Culpa. 

De dejarla a veces cuando no se siente tan bien. De desear esa otra parte de mi vida en la que ella no está conmigo. 

Expectativa. 

De saber que con el ingreso que tenga le podré ofrecer mejores oportunidades y de tener ese extra de dinero para poder hacer otro rango de actividades. 

Enojo. 

De que el sistema y/o nuestra situación dentro de él no tenga opciones fácilmente alcanzables para no tener que estar en el dilema de volver a trabajar o quedarme en casa y enojo de que pocos trabajos convencionales ofrezcan un punto que permita flexibilidad para hacer posibles ambas cosas. 

Tristeza. 

Porque aunque añoraba más “tiempo personal”, la verdad es que a veces extraño profundamente a HH. Ella y todo su ser se hacen extrañar de lo disfrutable que es el estar a su lado (la mayor parte del tiempo, claro). Y no sólo es algo mental, mi cuerpo la extraña a veces también, por extraño que suene. El binomio madre-hija no se acaba con el parto. 

Duda de mis capacidades. 

Pensar el tener cabeza para ir a trabajar y hacer que el resto de las actividades como persona, como esposa y como mamá sigan adelante me parecía un esfuerzo enorme. Además me pegó muy fuerte el “mommy brain”, el volverme olvidadiza, tener en general menos concentración, no poder memorizar tantas cosas. Me sentía menos apta para el mismo nivel de eficiencia en mi trabajo que antes del embarazo. En realidad fue un alivio darme cuenta de que ese dudar salió sobrando. 

Indecision. 

Pasé unos buenos 6 meses deliberando si era buen tiempo o no. Mi mamá y mi hermana no volvieron o han vuelto a trabajar. Así que una parte de mí cree que eso es lo que una “buena mamá” hace: estar al 100 con sus hijos. 

Le veo valor a eso. Enorme. En cierta medida puedo decir que el trabajo se ha vuelto un “escape” de estar to-do-el-dí-a con HH. Y una mujer que lo logra merece toda mi admiración. 

Al final salí de mi sentir culpa por no hacerlo como lo hacen en mi familia al pensar: ¿qué ejemplo es el que le quiero dar a mi hija? Y la respuesta era simple. Buscar ser feliz y perseguir sus sueños. Así que seguí persiguiendo los míos y siendo feliz a su lado. 

Meses después todo va muy bien. Ha habido dificultades, como el organizar todo cuando HH estaba enferma, pero en general el cambio le ha dado una linda dinámica a nuestra vida familiar. 

Me encantaría armar una gráfica de emociones para compartir con mamás que estén pensando regresar a la vida laboral y si tienes tiempo y ganas, sería fabuloso escuchar por cuáles emociones pásate tú, cómo lidiaste con ellas, si pasaste por dificultades particulares y cómo resultó todo hasta ahora. 

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De mi mortalidad…

… nunca había estado tan consciente como ahora que soy mamá. 

Ahora que HH tiene 2 años y ya se ha adaptado a ir al Kindergarten, surgió la oportunidad de viajar a Lituana en el marco de seminarios en Endobiogenia (mi otra pasión, de la que tengo pendiente escribir una entrada en este blog). Tengo un esposo maravilloso, lo que quizá se explica en parte porque mi suegra también es un amor de persona que nos echa mucho la mano, y gracias a ellos dos puedo irme sabiendo que dejó a HH en excelentes manos. 

Aún sabiendo todo eso, me cuesta. En varios aspectos y en una revoltura de sentimientos de los implicados con volver a trabajar después de tener hija/os, pero punto y aparte de eso, el tener que tomar un avión cada vez que visito el seminario, me hace tener cada vez más presente mi propia mortalidad. 

Ya sé, ya sé, que las probabilidades de morir en un accidente aéreo no son tantas, y además he volado sola muchas veces antes de ser mamá y nunca he tenido miedo sino sólo un pequeño nerviosismo en la tripa al despegar o aterrizar. Y aunque ahora sigo sin miedo real a la muerte (uno aprende después de experiencias como la que cuento aquí), algo ha cambiado por completo: Ahora, antes de cada vuelo pongo todo mi ser a estar por completo presente en mi intención de cuidarme, de estar protegida y permanecer sana, para poder gozar el privilegio que es para mí ver como HH se desarrolla en la vida. 

De eso tengo miedo: de no poder ser testigo de su florecer. No de dejar de existir, o de quién cuidaría de ella, sino de no presenciar su capacidad de asombro, su aprendizaje, su creatividad y tenacidad para afrontar obstáculos, no poder verla dormir a sus anchas y con los brazos abiertos totalmente relajada, y no poder oír sus carcajadas que inevitablemente me contagian. 

Es la bendición de ser consciente de nuestra mortalidad: la intensidad con la que se disfruta la vida presente. La mía, la de ella, la de todos a lo que amo. 

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